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The Islamic Bulletin
Volume XX No. 4
los hijos son (solo) el adorno de la vida de este mundo, pero
las palabras y acciones rectas que perduran son mejor ante tu
Señor en recompensa y esperanza.
(Quran Sura Al Kahaf 18:46)
La oración del Isha que él pronto haría fue igual a las muchas
otras que había realizado durante esa semana, empezando con
su intención (niyya) para la oración, “ye chaar rakaat namaaz…”
(en Urdu). A pesar de su debilidad, él se las arregló para reservar
lo que pudo de sus fuerzas para elevar con determinación sus
manos para el Takbir al’ula, ambas palmas direccionadas a la
Qibla, y para voltear su rostro a la derecha e izquierda para
saludar a los angeles escribas con el salam y rahma.
Sentado de rodillas a la derecha de mi abuelo, con mi rostro
dirijido al suyo, ahora en su lado, lo vi abrir sus casi centenarios
ojos y mirándome directamente me dijo:
“Ketla vaaja (¿Qué hora es?)” “Nueve y media, papá”
“¿Hice mi Isha?” “Si”
“¿Seguro que hice mi Isha?” “Si, papá”
“¿Mere puree namaz pare? (¿Estás seguro? ¿Hice el Isha?) “,
Pensando que tres veces era suficiente para que esté seguro,
escuché al abuelo preguntar una vez más:
“Entónces, ¿hice mi Isha?” Luego dijo:”No olvides pagar al
jardinero su salario”. “Si, Papá”.
Sentado todavía a su lado mirándolo a los ojos, le dije:
“Papá, Yumuah Mubarak (feliz viernes) te amamos mucho papá,
¿hay algo más que pueda hacer por ti?”
Un suspiro surgió, “Enderézame…” y pidió que se retire las
almohadas que estaban en su espalda para que pueda echarse
horizontalmente. Luego repitió: “Derecho, derecho”
El abuelo luego dijo, “dori topi” refiriéndose a su gorra blanca
como la nieve que usó esmeradamente en las ultimas cuatro
decadas.
Luego empezó el proceso del tayammum (purificación seca).
Después de completar su rito de purificación, elevó ambos
brazos hacia el aire y empezó a moverlos honorablemente
en el aire. Esto ciertamente no fue el movimiento de un alma
angustiada, sino de un alma que jubilosamente estaba dando la
bienvenida a los angeles del momento. Unos cuantos suspiros
después, papá empezó su viaje al Más Allá, dejando este mundo
en vísperas del Yumuah a la edad de 96. En la oración del
viernes alrededor de tres mil personas asistieron a su funeral.
Farhana (Lunat) Rana era una mujer joven de 30 años quien
murió después de una larga lucha contra un tumor cancerígeno
en el cerebro.
El Profeta (saws) dijo:
“Quien ame encontrarse con Allah, Allah
ama encontrarse con él”
. (Bukhari)
Mi querida prima
Farhana
murió. Ella era la única hija, y una
alegría para sus padres y familia. Hace tres años, Farhana se casó
y mudó a Lawrence, MA. Sin embargo, ella regresó a Stockton
el año pasado después de enfermarse. Durante su vida, siempre
tuvo una palabra amable y una dulce sonrisa para aquellos que
estaban alrededor de ella. Esto continuó así aún después de los
muchos obstaculos que tuvo que atravesar durante este último
año. Ella mostró un gran coraje durante su enfermedad y prefirió
mantenerse positiva y agradecida por todas las bendiciones que
había tenido en su vida. Ella se concentró mucho en fortalecer
su relación con Allah, el Creador, valorando a su familia, e
impartiendo palabras sábias a los que estaban a su alrededor.
Una de mis queridas tías describió sus últimos momentos en este
mundo comparando la salida de su alma al de una hebra de seda
que estaba siendo retirada de una delicada flor. Que Allah haga
de ese momento para nosotros tan fácil como el de Farhana.
Su corta vida le dio tiempo suficiente para ejemplificar la
sinceridad y sencillez con la que uno puede vivir su vida. Como
ella perdió la función de muchas de sus facultades- movimiento,
vista y luego el habla- usó lo que le quedó para llevar la forma de
vida del Profeta (saws). De hecho, durante la última semana de
su vida, mientras ella yacía inmóvil recostada en su lecho, usaba
la única mano que tenía movimiento-su derecha- para hacer
dhikr (recordatorio de Allah) en su tasbih y usar el miswak. Todo
lo que quería que le recitemos era Ya Salaamu (Oh Hacedor
de la Paz — refiriéndose a Allah) y la Sura Yasin. Sus últimas
acciones en esta tierra fueron limpiarse los dientes con su miswak
y sostener fuerte el Quran después de hacer su tayammun. Ella
sabía dónde estaba yendo y quería partir de la mejor manera.
En su último año, Farhana se purificó y preparó para encontrarse
con Allah. Ella se acercó a Allah, encontró su propósito, pudo
tener una muerte pacífica y estuvo llena de nur (luz) en su
momento de partir. Ahora, nosotros debemos tomar la misma
decisión y acercanos a Allah. Este es el legado que Farhana nos
dejó.
Asama Ayyad
, era un jóven de 20 años quien fue asesinado
como resultado de un disparo desde un vehículo.
El Profeta (saws) dijo: “Hay siete quienes estarán bajo la sombra
del Trono de Allah en el Día cuando no haya sombra excepto
Su sombra: ....‘Un hombre cuyo corazón está apegado a las
mezquitas...’ (Bukhari, Muslim)
Me gustaría compartir algo con los jóvenes que piensan que la
muerte no es para ellos. El mes pasado, mi sobrino de 20 años
Asama Ayyad fue a la mezquita de Richmond que era anfitrióna
de una reunión para los musulmanes de California y otros
Estados. Ellos se estaban reuniendo para un ijtimah anual, una
reunión para rezar, ayudarse, y recordar los valores Islámicos.
Asama disfrutó colaborando y especialmente quería darme
una mano porque yo debía cocinar para esta gran multitud.
Después de la cena, algunas personas se quedaron a dormir
en la mezquita, y otros de fueron a sus hogares. Después de
ayudarme, él decidió irse también. Le pedí que se quedase un
poco más en la mezquita, pero él temía por su amado auto que
estaba parqueado afuera.
Se fue con su amigo, un vecino adolescente que quería dar un
paseo en el brillante Lexus blanco. El plan era dar una vuelta y
luego ir a casa, pero en el semáforo de la calle 22 y la Avenida
Bissell, un disparo salió de una furgoneta blanca que los estuvo
siguiendo, golpeando el auto muchas veces. Mortalmente herido,
el primer instinto de Asama fue regresar a la mezquita, un seguro
refugio de espiritualidad, familia y comunidad.
Él condujo de vuelta a la mezquita en lugar de ir al hospital. Su
corazón estaba apegado a la Mezquita, donde él había estado
rezando y ayudando justo antes del ataque. Casi inconsciente, se
estrelló en los postes electricos a lado de la Mezquita.
“La ilaha illa-Allah, Muhammad Rasullulah. Innalilahi wa
inna ilaihi rayiun.” “No existe ninguna divinidad excepto
Dios, y Muhammad es Su profeta. A Dios pertenecemos y a Él
retornaremos”.
El Profeta (saws) dijo: “Aquel cuyas últimas palabras sean ‘La
ilaha illa-Allah’ entrará al Paraiso”. Aquéllas fueron las últimas
palabras de Asama.
Todas estas personas que murieron serán muy extrañadas por sus
familares, amigos y el personal del Boletín Islámico. Pedimos a
cada uno de nuestros lectores que los recuerden en sus Duas en
este mes Sagrado. Que Allah les dé el Paraiso.
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