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The Islamic Bulletin
Volume XX No. 4
Cuando recientemente alguien me preguntó cómo me convertí al
Islam, me quedé estupefacta y un poco sorprendida, porque nunca
antes me había puesto a pensar en cual fue el momento crucial para
mi conversión al Islam. . ¿Cuándo cuestioné el catolicismo por primera
vez? ¿Cuándo fue la primera vez que quise volverme musulmana? Las
respuestas a estas preguntas y a muchas otras requerían más reflexión
de lo que nunca imaginé. Para poder realmente contestar estas
preguntas tengo que empezar desde el principio para que puedan
entender cual fue el punto en mi vida que me llevó finalmente a
aceptar la verdad del Islam. Me hice musulmana a la edad de 67 años
y agradezco a Dios que me haya bendecido volviéndome una creyente
en el Islam.
«A quien Al-lah quiere guiar, le abre el pecho al Islam,
pero a quien quiere extraviar, hace que su pecho se haga estrecho y
apretado como si estuviera ascendiendo al cielo. Del mismo modo
Al-lah pone lo peor en los que no creen».
(Quran 6:125)
Fui criada en un estricto hogar católico romano, la hija de
en medio de tres hijos. Mi padre trabajaba arduamente muchas
horas todos los días. Cada día él salía muy temprano en la mañana y
volvía muy tarde en la noche. Todo lo hacía para que mi mamá pueda
permanecer en casa cuidando a mis hermanas y a mí. Un día muy triste
y desafortunado mi madre nos dijo que él había tenido en un accidente
automovilístico. El murió instantáneamente y con ello todo nuestro
mundo se vino abajo. Con todos los cambios que estaban ocurriendo,
mi madre nos dijo que tendría que volver a trabajar. Mi madre, quien
antes había sido enfermera, se vio forzada a trabajar para mantenernos.
Ella encontró un trabajo en el hospital local, muchas veces trabajando
hasta dos turnos, Pero consu reciente responsabilidad, mi madre ya no
podía supervisar nuestra crianza. Y a pesar que nos envío a una escuela
católica, su trabajo la mantenía alejada de cuidar a sus hijas.
Por lo tanto, con mucho tiempo libre para pasar, me encontré
perdiendo el tiempo con mis amigas en los cafés locales. Fue ahí donde
conocí a un musulmán muy amable quien más tarde se convirtió en
mi esposo. Mi madre no sabía que yo estaba pasando tiempo con
este hombre. Es más, cuando le dije que estaba enamorada y quería
casarme, ella me advirtió que éramos de dos diferentes orígenes y que
a la larga tendríamos problemas. Dijo que si alguna vez tendríamos
hijos en un futuro, surgirían indudablemente problemas acerca de la
religión. A mis veinte años yo no podía imaginarme que pudiésemos
tener ningún tipo de problemas en nuestro matrimonio. Estaba muy
enamorada y me sentía muy feliz de que alguien cuidaría de mí. En ese
entonces mi esposo no era muy religioso, y en lo más profundo de mi
ser sentía que podría convertirlo al catolicismo. Como no teníamos el
mismo origen étnico, me consideraba más abierta y estaba entusiasmada
de abrazar una nueva cultura.
En los siguientes años todo parecía ir perfectamente bien.
Nosotros éramos felices y ni siquiera una vez la cultura o religión nos
causó problemas. Dios nos bendijo con un hermoso hijo y muchos
años después con una preciosa hija. Así continuamos con nuestras
vidas e inclusive comencé a llevar a los niños conmigo a la iglesia. Mi
esposo nunca me impidió ir cada semana a la misa de los domingos.
Sin embargo, después de algún tiempo me dijo que no quería que
los niños fuesen a la iglesia. Francamente, yo estaba muy enojada y
contrariada“¡Pero por qué no!”, objeté. “cualquier religión es mejor
que ninguna” discutí, ya que yo realmente no entendía que daño podía
haber en que los llevase a la iglesia. Hasta ese momento, nunca antes
habíamos discutido sobre la religión. De hecho, nunca me pregunté que
podría haber otra religión que no fuera el Catolicismo. Yo nací católica
y pensé que el catolicismo era la religión correcta. Por explicaciones
que que no sabría explicar bien, parece que desde ese día en adelante
muchos problemas se hicieron evidentes, discutíamos todo el tiempo de
todo y todos, ahora las pequeñas cosas se volvían grandes. La religión
se convirtió en un punto de discusión entre nosotros. La diferencia de
nuestras culturas se volvió también un motivo de pelea. Discutíamos
sobre nuestros parientes políticos y aun peor, sobre la crianza de
nuestros hijos. Todo lo que mi madre me advirtió se estaba haciendo
realidad.
La única paz y armonía que ahora había entre nosotros era la
sabiduría, sinceridad, preocupación y amor que el padre de mi esposo,
mi suegro, tenía sobre nuestro matrimonio. Mi suegro amaba a su hijo,
a sus nietos y a mí como a una verdadera hija. Él era un musulmán
muy religioso y devoto, además un hombre muy sabio. En ese
entonces, como no estaba rodeada del Islam, mi suegro fue la primera
introducción que tuve al Islam. Él rezaba todas sus oraciones, ayunaba
durante el mes de Ramadán, y era muy generoso con los pobres. Podía
sentir su conexión con Dios. De hecho, mi suegro era tan amable con
los necesitados que cada día, al regresar a casa después de la oración
del dhuhur en la mezquita, él invitaba a cualquier persona necesitada
a almorzar con él. Esto era algo de todos los días. Los familiares
mencionaron que él continuó con este hábito hasta el día de su muerte
a la edad de 95 años.
A mi suegro le disgustaban las discusiones entre mi esposo
y yo, y nos aconsejó que buscáramos una solución antes de que
nuestros hijos sufrieran como resultado de nuestras peleas. Él trató
desesperadamente ayudarnosa encontrar una solución, aconsejó a
su hijo que me diera espacio para practicar mi religión, pero ya no
sólo acerca de la religión. Me sentía frustrada y decidí tomarme un
descanso. Cuando le pedí a mi esposo la separación, él estuvo de
acuerdo y talvez fue la mejor cosa para nuestro matrimonio, como dice
el dicho “La ausencia hace crecer el amor” ”. Bueno, eso no sucedió
en nuestro caso. De hecho la distancia hizo que nuestros corazones se
distancien más. Después de la separación, ambos quisímos la separación
permanente y acordamos en el divorcio. Aunque yo desesperadamente
MI DESCUBRIMIENTO INCREIBLE DEL ISLAM
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